ATENCIÓN

Los niveles de subjetividad presentes en las publicaciones que usted potencialmente puede llegar a leer pueden generar disconformidad, debate, concenso, vómitos y nauseas. Se sugiere que cualquier persona poco tolerante en cualquier aspecto de la vida se abstenga de leer. Ante cualquier duda, consulte a un proctólogo.

Información personal

Agasajete, llenemos este cuadrarito...

lunes, 30 de mayo de 2011

Tanto va el cántaro a la fuente, que al final queda rojo de caliente.

No puedo quedarme así, con esta idea rondándome la cabeza. No voy a aceptar una derrota. Simplemente no puedo, no es como soy yo. Y ahora es personal. Se metió en mi cabeza y huyó, así que voy a meterme en la de ella y voy a fastidiarla, pero mal.
Estoy hablando como perspicaces habrán notado. De Penelope. No imaginé que habría en este planeta persona que sea lo suficientemente competente como para resistir mi capacidad. No puedo dejar que se salga con la suya. así que el jueves pasado fui a por mi último round con ella. No fui al club propiamente dicho. Pero fui a esperar su salida. Alrededor de las 6 de la mañana fui hasta el lugar y busque su Peugeot. El lugar estaba desierto así que fui hasta el café y compré el desayuno. Fui nuevamente hasta donde su coche estaba y miré mi reloj, 6:30. Y como si de un modelo suizo se tratase la vi salir por la misma puerta que el último encuentro caminó muy discretamente y mirando hacia todos lados se acercó a su auto. Esperé a que tome sus llaves y me acerqué. Realmente fue una idiotez hacer eso. Como si no hubiera ejemplos suficientes en series y películas de que las prostitutas están siempre con el equipamiento necesario para defenderse.
En cuanto le dije hola, ella volteó muy rápido y me atinó justo en el ojo izquierdo un chorro de gas pimienta. Les diré que esa cosa arde como los mil demonios tiré el desayuno al piso y traté de no caerme. Por suerte pareció reconocerme.

_¿Realmente pensaste que abordar a una prostituta con una bolsa de papel madera y dos vasos de plástico era buena idea?

_La verdad... Diciéndolo así suena bastante idiota_ dije entre quejidos. Me incorporé, el ojo me ardía mucho. La miré con el ojo sano tratando de no tocarme con las manos para no irritarlo.

_¿Desayunamos?

_Realmente no tuve una buena noche.

_Buenísimo, porque mi día empezó bastante borroso. Podemos desahogarnos con un jugo de naranja.

Nos subimos al auto y mientras vaciaba la caja de pañuelos llegamos a una confitería.

_¿No tuviste suficiente ya de mi?_ Primereó.

_En realidad si. Pero también pasa que tengo un severo problema con perder.

_No sabía que estábamos compitiendo. Claro que, si llamas competencia al hecho de seducirnos venís muy abajo creo yo.

_Ahora, si vengo tan abajo ¿Que hacemos charlando entonces?. Supongo que cuando una mujer tiene tan dominado a un hombre, más siendo mayor en edad, no deberías molestarte siquiera en prestarle atención.

_Ciertamente, pero tenes cierta habilidad para llamar mi atención. Además, me da curiosidad la forma en que vas a tratar de dar vuelta el partido.

_Ganarte en estas condiciones es prácticamente imposible. Lo que intento es infectarte y que vos sola lo pierdas.

_¿Y decírmelo es una gran estrategia por qué...?

_ Vas ver...

La conversación se diluyó y comenzamos a hablar de otras cosas. Como baile e historia personal de cada uno.En un determinado momento ella toma mi celular y empieza a tocar botones. Me hice el distraído y continuamos hablando como si nada Así estuvimos por aproximadamente una hora. Me dijo que estaba algo cansada y ofreció llevarme a casa. El viaje también fue algo lúdico entre conversación y conversación.

_Llegamos.

_Gracias por traerme. Nos vemos.

Atiné a bajarme y cuando estaba inclinándome hacia afuera volteé rápidamente y la vi inclinada con la intención de (nuevamente) lamer mi oreja; incluso estaba con la lengua afuera. Con el índice la empujé dentro de su boca y le besé la frente. Me bajé y entré a casa. Y esperé a que el auto se vaya. 6 minutos después, lo hizo.

Alguno se preguntará por qué esperé 4 días para publicar. Pues bien, hace 20 minutos recibí un mensaje de un número que no conozco y decía "Te quiero ver pendejito". Game, set and match.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Reincidente

Sabia que era cuestión de tiempo hasta que mi obsesión con ganar me llevara nuevamente al club 69. Casi como un reloj suizo me vaticiné a mi mismo que el martes iba a ir. No porque quisiera, sino porque el subconsciente de un obsesivo asumido funciona cronometrada-mente. Es diferente cuando una persona va a un antro sexual solo. Cambia la perspectiva, el apoyo, la aceptación. Incluso la justificación aparente. De todas formas, con la confianza que me caracteriza no lleve dinero (entiéndase dinero a el monto necesario para "consumir") más que el que sobró de la última semana ($ 55).
Entré y el mismo operativo obligatorio para entrar. Escaleras, lobby, habitaciones, más escaleras y salón. Imagino que los martes no debe ser un día muy propicio para los burdeles. Porque estaba absolutamente vacío, y cuando digo absolutamente es ABSOLUTAMENTE vacío. Y, al parecer, estuvo vacío por mucho tiempo. Tal es así, que una manada de prostitutas se abalanzó sobre mi como si un billete de U$S 100 hubiera caído del bolsillo de algún despistado. Entré la música de Kapanga y las caricias y murmuraciones que hacían a mis oídos, no logré entender nada. Devolví gentilezas una por una y me senté en el mismo sillón que la última vez, con la a diferencia que todo el staff del lugar se sentó a mi alrededor. Pedí la cerveza que viene con la entrada y dispuse a esperar.
Debo admitir que estar rodeado de estas mujeres me ayudó a palear el aburrimiento. La conversación que desesperada-mente intentaban establecer conmigo con tal de que las lleve a una habitación era hilarante. A tal punto que a veces perdía el sentido. Me llevé una gran sorpresa al espiar mi reloj y ver que habían pasado dos horas desde que había llegado y no había rastro de Penelope. La espera se empezó a hacer tediosa y tuve una idea magnifica. Tome mi billetera, la abrí de par en par y volqué todo su contenido sobre la mesa. Las muchachas se miraron algo desconcertadas y una a una fueron alejándose. Lo suficiente para que yo pueda pararme, dirigirme hacia el presentador y pedirle por el show típico de Penelope.
Tras discutir brevemente aduciendo que no había suficiente "audiencia" para pedirle que salga, accedió de mala gana. Y dos minutos después apareció, paneó el salón y vio extrañada que no había casi nadie. Se acercó al presentador y le dijo algo al oído. Éste le contestó y me señaló recriminante. Se acercó y con fastidio preguntó

_¿Vos pediste el show?

_Porsupollo_ dije mientrás levantaba la mirada y la miraba a los ojos.

Me miró fijo, como haciendo memoria. Sus ojos empezaron a moverse como si pensara hasta que recordó.

_Me acuerdo de vos. ¿Por qué volviste?

_No se. Creo que por compulsión.

Se rió discretamente y le hizo una señal al presentador, el cual colocó una canción de James Brown y comenzó a hacer lo suyo. A diferencia de la última vez hizo que yo le quite toda la ropa, pero en fin. el show pasó, ella se fué y cuando salió entraron 5 personas. Distracción ideal si las hay. Cinco minutos después regresó Penelope.

_¿Te gustó?

_Si.

_¿Qué se te ofrece?

_No mucho, considerando que son las 5 de la mañana y me hiciste esperar tres horas y media. ¿Querés ir a desayunar?

_¿Te gusta el mañanero?

_No "ese" desayuno, el común. Café con leche, medialunas con jamón y queso, lo típico.

_¿Vos invitas?

_¿No acabo de hacer eso?

_Acepto, pero vas a tener que esperar otra hora y media.

_Está bien.

Se fué y me dejó otra cerveza. Mientras las mujeres iban y venían provocativas. Penelope me dijo que debía esperarla en un lugar x. Eso hice. Es curioso como cambia una prostituta cuando se viste "de civil". Fuimos a un café que había por la zona y charlamos de todo. política, filosofía, religión, familia. Llegó un punto que no me di cuenta que era tan temprano. así que pagué la cuenta, me despedí y me fui.

_¿Así nada más? ¿Te vas y me dejás más caliente que pava hirviendo?

_Te dije que no pienso pagarte.

_Yo yo ya te dije que no pienso cobrarte_ hizo una pausa.


 _¿No me crees verdad?_

_Absolutamente para nada.

_No serías el primero...

_¿Que no le cobrás?

_Que no le miento.


_Tentador, pero no creo que esta vez suceda.


Se levantó de la silla y salimos afuera. Le palmeé la espalda y encaré hacia la parada de colectivos. en eso, me agarra del hombro, "Te llevo" dijo. Di media vuelta y la seguí hasta su Peugeot 206 negro. Me llevó hasta mi casa sin decir palabra, escuchando chill out. Frenó en la puerta y dijo "nos vemos". Abrí la puerta y cando estaba por salir me lamió la oreja. Cerré y salió arando. La muy bastarda me calentó al final. Y si, si no la gana, la empata.

lunes, 16 de mayo de 2011

Una duda bastante importante ronda por mi cabeza constantemente. Una cuestión irresoluta que me deja con la boca abierta cada vez que intento abordarla. Y es la justificación de la prostitución y por qué al hombre promedio le fascina esta actividad que puede conseguirse gratis con paciencia y tacto. Debo admitir, que mi ego y mi irresistible carisma no me han permitido disfrutar de los placeres de una prostituta. Así, que con excusa de acompañar a unos ex-compañeros de la secundaria para la despedida de un amigo que se va a vivir a España, fuimos a club 69, un cabaret de zona oeste ubicado en Moron. Es impresionante la capacidad de camuflaje que poseen estos antros, es fascinante. Las fachadas son comercios "cerrados" o casas que detrás acobijan las habitaciones más pretendidas por los hombres. Abren una puerta blindada y te hacen pasar como si fueras a comprar droga. Entramos, subimos escaleras, doblamos el codo de las mismas y llegamos a un no muy coqueto lobby. Pagas la entrada (hay que pagar entrada a los prostíbulos), y caminas en una especie de laberinto de puertas cerradas, sonoramente selladas. Y las que no están cerradas permiten entrever a las mujeres acicalándose con casi nada y, a veces, nada de ropa.
Bajas escaleras y llegas a la pista, abarrotada de hombres y entre medio de ellos, contoneando su femineidad, las prostitutas. En cuanto ven que billeteras llenas entran en el salón, como si olfatearan quien tiene más dinero. Se acobijan en tus hombros todas juntas, te saludan y dicen cosas dulces y estimulantes a tus oídos. Aún escéptico, le correspondo el saludo a cada una y tomo asiento. Pido una cerveza barata y me siento a observar. Los televisores te bombardean con pornografía, mientras que los camareros constantemente están atentos a ofrecer cualquier tipo de bebida alcohólica.
Un diminuto "escenario" con un caño en medio es el centro de todas las miradas cuando una voz no muy acorde para el lugar anuncia a Penelope, luego descubriría que es de las más reconocidas en la zona. Una hermosa mujer vestida de vaquera aparece de la nada y al ritmo de una canción de Everlast cuyo nombre no recuerdo comienza a desnudarse muy sensualmente. Los gritos y piropos camioneros llueven como gotas de agua. Haciendo oídos sordos la mujer se pasea entre los hombres y se friega a ellos, para que uno a uno, le quiten toda la ropa. En cuanto se me acerco a mi, semi-desnuda. Atiné a quitarle el sombrero, ponérmelo y sonreír con complicidad. Me miró extrañada, pero asimismo curiosa y se marchó para terminar su espectáculo. Dentro de mí sabía que no iba a ser la última vez que se acerque.
Las mujeres van y vienen, aparecen y luego desaparecen, de la misma manera que los hombres lo hacen. Luego de elegir una muchacha, el homenajeado se fue a pasar su tiempo de calidad en el paraíso. Mientras los otros seguían seleccionando y yo seguía observando.
Uno a uno, mis acompañantes fueron desapareciendo hasta que la mesa para cinco quedo habitada por quien les escribe. En eso, la voz vuelve a anuncia a Penelope. Esta vez en un traje de noche modificado para poder ser removido con facilidad. El espectáculo no fue tan accidentado, puesto que la mitad de los hombres que presenciaron el primero ya no estaban presentes por ende fue más dinámico. La mecánica era la misma. La mujer se paseaba para ser desnudada por sus espectadores. Al llegar nuevamente a mi, no le quedaba más prenda que su lencería y sus zapatos. Se sentó en mi regazo y extendió ambas piernas, invitándome a quitarle alguna prenda. Por suerte para mí, Penelope no era más larga de piernas que yo con mis brazos, así que con algo de fortuna y de un solo intento, le quite ambos zapatos para reducir su altura unos 12 cm. Pese a al alto volumen de la música logré escuchar la carcajada que soltó. Me dio un guiño y se alejó para finalizar su show. Pedí otra cerveza y seguí esperando
aproximadamente 15 minutos después y mientras la hora que mis compañeros disfrutaban se me hacia eterna. Penelope se acerco a charlar. Peculiarmente con una botella de Frezee en la mano y dos copas de vidrio y raramente  completa y sobriamente vestida

_Hola bombón.

_Bienvenida.

_¿Me puedo sentar acá?

_Seguro.

_Vine porque te quiero preguntar algo. ¿Sos gay?

_Jeje. No, no soy gay.

_¿Y por que no quisiste jugar conmigo?_ Decía mientras abría la botella.

_Jugué. Solamente que jugué como yo quería y no como vos querías.

_Me di cuenta, no actuaste como la media de hombres que vienen acá.

_Estoy tratando de entender.

_¿Qué cosa?

_Que ven los hombres en las prostitutas que no ven en las mujeres que no son prostitutas.

_Yo te puedo contar el secreto.

_¿Me va a costar mucha plata? Porque no creo que puedas ofrecerme algo que yo no sepa, o que no pueda descubrir solo.

_Jaja, sos tierno. No, yo te invito la copa. Bah, la casa lo hace y podemos charlar sin que tengas que desvestirme después.

_Acepto entonces. ¿Por qué los hombres acuden a ustedes?

_Porque son inseguros.

_Bah, ¿eso tenes para decirme? Ya se que son inseguros.

_Dejame terminar. Es una cuestión psicológica la que los hombres tratan de resolver con nosotras. El hombre trata por sus propios medios de complacer a la mujer y fracasa constantemente.

_Capisco

_El hombre seduce, enrolla y atrapa a la mujer y trata de complacerla completamente a nivel sexual. Cuestión complicada si la hay, pues para complacer completamente a una mujer se lleva tiempo.

_¿Qué tienen que ver ustedes en ese déficit?

_Se nota que nunca estuviste con una prostituta.

_No, pero si vi mucha porno.

_Bueno, es lo mismo. Una prostituta cumple la función terapéutica de hacerle creer al hombre que es una maquina sexual, que puede complacer cada aspecto y que puede dar orgasmos múltiples. Cuando regresa a su casa, trata de repetirlo y fracasa y es por eso que vuelve. No es porque no ame a su mujer, novia o pareja. Sino que el hombre tiene una necesidad patológica de ser "apto" para todo. Más en lo sexual.

_O sea que en realidad es una adicción.

_Digamos que es más una compulsión.

_Entiendo, sacame una duda. ¿Cómo es que una psicóloga termina desnudándose para desconocidos?

_¿Qué te hace pensar que soy psicóloga?

_El lenguaje técnico.

_Casí, soy psiquiatra. Y terminas así cuando no se te dan las cosas como esperaban.

_Te banco igual. Bailas lindo_ Le dije con una palmada en la espalda.

_Tengo muchas ganas de cogerte todo ¿Sabes?.

_Jaja, buen truco. Pero no pienso pagar por sexo todavía.

_Yo no pienso cobrarte.

Y ahí, en el momento donde todo cierra. Vuelven orgullosos, satisfechos, con la frente en alto. Como para no permitirme disfrutar del hecho de seducir a una prostituta. Mis compañeros. Reclamando mi presencia, para irnos a bailar a un boliche.

_No te creo, de todas formas no me falta motivación, pero me estoy yendo. por ahí nos vemos otro día. Total, ahora se donde queda este lugar.

_Y yo seguro que no me voy a olvidar fácil de tu cara. Te voy a estar esperando.

Me resultó curiosa la excursión al cabaret, espero Penelope se equivoqué, o que al menos no me desesperé lo que me contó. Pero no puedo evitar preguntarle a los hombres que consumen prostitución, ¿Coinciden con lo que ella me contó?¨.