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Los niveles de subjetividad presentes en las publicaciones que usted potencialmente puede llegar a leer pueden generar disconformidad, debate, concenso, vómitos y nauseas. Se sugiere que cualquier persona poco tolerante en cualquier aspecto de la vida se abstenga de leer. Ante cualquier duda, consulte a un proctólogo.

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martes, 2 de febrero de 2010

Alumno Perenne

Pasaron 18 años antes de que comience a vivir. En un comienzo fui guiado al conformismo, sin cuestionar, en aras de mantener la paz. En el último tiempo, y acotemos "último tiempo" a los 9 meses anteriores a hoy, comencé un proceso aceleradísimo de aprendizaje. Un aprendizaje vulgar, no científico; algunos lo llamarían "calle", yo le digo crecer. Aprendí a pensar, pero me equivoqué pensando demasiado, lo que acarreó casi un suicidio. Pero esta entrada es una entrada feliz, por lo que no me detendré en tamaña trivialidad.

Aprendí a valorar cada cosa en sí misma. Su existencia como tal y su función de cada cosa, de los detalles. Como ver un color, como oler un aroma.

Aprendí a ver a la religión razonablemente y no sucumbir ante sus dogmas.

Aprendí a amar de una manera más tolerante, más sana y que valora más el sentimiento que el objeto investido por el mismo.

Aprendí a no mezclar mis sentimientos, ni mis juicios. Cada situación (laboral, académica o personal) es paralela a cualquier otra y que mezclar los pensamientos es atroz.

Aprendí que no necesito viajas 500 kilómetros en 7 horas para descansar, sino que puedo tener el viaje más vocacional llendo de mi habitación a mi patio.

Aprendí a odiar a mi peor enemigo, el cual soy yo mismo atemorizado.

Aprendí que la base del miedo es la ignorancia. Y que ellas dos son la peor enfermedad de la humanidad y, a su vez, las que más rápido se propagan.

Aprendí a perder.

Aprendí a levantarme después de tropezar sin temer volver a trastabillar.

Aprendí a valorar mis victorias.

Aprendí a bailar.

Aprendí a escuchar.

Aprendí que vivir con frescura y alegría sale más barato que vivir horrorizado ante el fracaso, el rechazo y la muerte. Y que los tres son inevitables.

Aprendí a minimizar lo "trágico" de los antes mencionados.

Aprendí que lo dramático de la muerte es la apreciación que los vivos hacen de ella.

Aprendí a convivir con mi soledad y a amarla.

Aprendí que lo único seguro es el "no", que de mi depende buscar el "si".

Aprendí a ser humilde.

Aprendí a valorar a la gente que ilumina con sabiduría y alegría mi vida, llenándome con una sonrisa, un pensamiento o un chiste.

Lo más valioso de todo, es que el proceso continua y es mi ferviente deseo que nunca acabe. Me encanta la idea de siempre tener algo que aprender, ser un alumno toda la vida. Una persona que no tiene tope, que tiene millares de maestros y nunca pierde el deseo de aprender.

5 comentarios:

Homero Thompson dijo...

No es facil aprender todo eso, o darse cuenta de todo eso (porque en realidad las cosas estan ahi...simplemente hay que mirarlas con detenimiento)

Felicito por todo eso, y animo a seguir para adelante...

un abrazo Camarada!

Julieta dijo...

Enhorabuena (todojunto)

Clarita dijo...

Qué hermosa entrada, de esas para copiar y pegar en un block de notas y guardarlas en una carpeta cualquiera para un día dentro de mucho tiempo o quizás no tanto encontrarla por casualidad y decir por segunda vez: ¡Cuánta razón que tiene este muchacho!

Peperina dijo...

uauuuu!!! lástima q no llegué a firmarte para el estreno de la entrada, y recien hoy lo estoy leyendo... atesorá este momento, porq es valiosísimo darte cuenta del preciso instante en que la vida te hace un click!... y sabe, q esto q hoy escribis y sentis y aprendes, va a cambiar, va a mutar a travez de los años y probablemente pases por millones de "clicks" más, dandote cuenta de ello o no... congratulations! y admito q me hiciste volver a recordar el momento en el q yo "crecí" un pokito como vos...

Juan Olmedo dijo...

Así debe ser. La vida es aprendizaje. El aprendizaje es el camino. El camino que se abre entre las nieblas de la ignorancia.

Saludos, amigo Marcos.