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jueves, 7 de enero de 2010

Capítulo IV: Tecnología de punta

No salia de mi asombro con lo que escuchaba, me parecía poco peculiar ser elegido capitán por agarrar fuerte mis pertenencias, era una razón bastante estúpida de hecho, por lo que yo pensaba que debía ser una broma lo que estos señores me anunciaban.
Luego de la pequeña charla que sembró aún más dudas y dejó muy pocas certezas, el grupo de encargados se largaron del lugar. La "base", según los aparentes soldados, era un único salón que no superaba los 6 metros de ancho y para recorrerlo a lo largo se necesitaban unos pocos pasos, había estanterías a la izquierda y un armario plateado a la derecha. Enseguida y todavía con mi nariz goteando pequeños rubíes carmesí empecé a revolver la bolsa verde musgo que me tiraron encima. Efectivamente comprobé que en ella había unos chalecos que aparentaban estar hechos de un cuero fino, pero aun así resistente, ya que traté de romperlo con una Vitorinox que guardaba celosamente en mi bolsillo. El material se asemejaba al neopreno y era corto, de unos 35 centímetros de alto, además unida al cuerpo había una pequeña capucha que no evidenciaba ser de mi tamaño. Como no tenía muchas alternativas, me coloqué el chaleco como pude, con fuerza de insano mental, sacudía la prenda como una camisa de fuerza para intentar vestírmela, una vez conseguido eso, traté de subir el delicado cierre sin romperlo en el intento.
En ese mismo instante en que el se cerró la chaqueta, comencé a sentir una extraña sensación en mi cuerpo, el traje se adapto a mi fisionomía, y sentí como pequeñas descargas eléctricas que picaban como terminas mi cuerpo. Mi cuerpo temblaba y me quemaban los músculos, como si hubiera ejercitado por días, semanas quizás, mi cuerpo comenzó a desarrollarse en musculatura, y mis sentidos se agudizaron a un nivel que no pensé jamas existiera. El dolor que generaba era tortuoso, y continuó pro unos pocos minutos que se tornaba interminables, agonía semejante a ser electrocutado, si es que alguna vez tuvieron el infortunio de elctrocutarse.
Luego de la sesión de dolor, caí desmayado al piso, no se cuánto tiempo fué pero repentinamente me puse de pie, había sido transformado, me ví reflejado en la pantalla apagada de la computadora, y noté que mi cuerpo estaba desarrollado físicamente a su máxima capacidad, me sentía fuerte, mi nariz ya no sangraba y una electrizante energía recorría mi ser, una seguridad inusual desde que llegué me envolvía. Encendí el computador, cargue el (ahora) liviano bolso con las herramientas y me dirijí raudo y veloz hacia el granero.

2 comentarios:

Juan Olmedo dijo...

Exelentes recursos léxicos. Elogio tu capacidad creativa.

Un saludo!... Estaré a la espera del próximo capitulo.

Homero Thompson dijo...

la peli, " THE TUXEDO" la viste...

apuesto a q si...


Keeping real....please!