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sábado, 9 de enero de 2010

Capítulo V: Puede Fallar

Irrumpí en el granero con una patada que rompió las puertas de dos metros de alto y vi algo llamativo, de las quince personas que abandoné cuando me llevaron a la base, solo quedaban once y todos se habían segregado en pequeños grupos de no más de cuatro personas. Un grupo de cuatro, los cuales charlaban amenamente sin haber tocado sus bolsas, dos grupos de tres, los cuales revisaban y manoseaban sus armas y Alejandro, que estaba solo, sentado en un rincón mirando al vacío.
Cuando entré todo me miraron con extrañeza sin entender que me había sucedido, sin mucha palabrería empecé a distribuirles los chalecos y una vez terminado le hablé por primera vez a mi pelotón.
-Estamos en este lugar metidos a la fuerza y nos dieron esto para que escapemos.
-¿Para que sirven?, Contestó una muchacha con desconfianza.
-No lo sé, repliqué, Pero con ello va a resultar más fácil.
-¿Quien sos?. Preguntó desafiante un hombre morrudo y alto, aunque fuera de estado.
-Me dijeron que soy el capitán, pero sólo quiero irme de acá.
Decidí no decirles lo que sucedería al colocarse el chaleco, para que ninguna dudara en ponérselo. Me senté en el suelo y esperé, algunos los inspeccionaban y otros comenzaron a calzárselos. Para mi suerte, todos se los colocaron a la vez y comenzó una escena que aún me atormenta en sueños.
Todos comenzaron a sufrir el cambio corporal, gritaban y se agitaban como peces fuera del agua, pero no fue eso lo peor. Algunas personas sufrieron transformaciones físicas increíbles, el hombre gordo empezó a adelgazar a una velocidad inhumana, su cuerpo se deformaba y sus órganos se movían dentro de su cuerpo y cambiaban de tamaño, Aún no entiendo el porque me acerqué al hombre corpulento y vi que brotaba sangre de su boca, sus oidos y sus ojos. De los once que encontré, tres fallecieron tras la "maximización", como la llamo, de sus cuerpos.
Todos estaban nerviosos, yo también , pero no podía mostrarlo, porque alguien debía mantener la calma; en eso me acuerdo de Alejandro y lo busco con la mirada, tenia una expresión en su rostro que me tranquilizó, entonces nos dirigimos hacia la base para revisar lo que nos habían preparado.
Entramos y la computadora estaba prendida como la dejé, primeramente revisé los armarios y encontré un cuchillo de combate con una nota; "para el capitán", decía; después de ello revisé el computador para encontrarme que solo había un icono para activar cuyo nombre era "seguimiento". Al activarlo se escuchó un pitido.
-"Una luz azul se encendió en tu nuca". Una voz femenina muy suave y al voltear vi a otra muchacha que me señalaba. En la pantalla aparacía un gran mapa dividido en cuadrículas en la cual una estaba con 9 puntos celestes en un lado y tres un poco más alejados, los cuales debían ser los cadáveres, deduje que todos debían tener algo que emitía una señal para monitorizarlos desde ese lugar. En ese mismo momento desee poder quitarme con el cuchillo de caza eso, sea lo que fuera. Automaticamente mi brazo tomo el cuchillo e hizo una incisión milimétrica en el cuero, dejando solamente una esfera de un centímetro.
Acababa de hacer el más importante descubrimiento que necesitaría en ese extraño lugar.

3 comentarios:

AleCito dijo...

Capitulo a capitulo esta historia va tomando un dinamismo y pasa por intrincados caminos que ni su propio escritor saben como siguen... Es una apasionante historia...
Ahora estoy en //mimentemetraiciona.blogspot.com

Homero Thompson dijo...

se puso mejor...sigo pensando q el mejor capitulo es el I y el II, pero ahra la historia cayo un poco a tierra....va tomando camino

Juan Olmedo dijo...

Me pregunto como hizo el capitan para observar que los organos del gordo cambiaban de tamaño. Tal vez, el proceso de transformación habrá sido tan escalofriante que por momentos los huesos eran visibles y, tras estos cambios, las protuberancias de los organos asomaban por la piel y permitían ver sus cambios y movimientos.

Ahora me pregunto que papel desempeña este artilugio que el capitan ha encontrado.

Adios.